La empresa en la que trabajo tiene varios centros en distintas localidades y un par de veces a la semana he de acercarme por todas ellas. No están a más de media hora en coche. En el centro de la segunda visita, la de a media distancia, he encontrado esa vía de escape a la rutina que muchos buscan en su jornada laboral, la fantasía sexual con alguien del trabajo. No es guapa ni esbelta, sólo puedo decir que es simpática y unas tetas con las que es capaz de abrir puertas. Quizás tampoco es necesario que sea un bellezón, pero el morbo es superior a toda condición de Venus, nunca había sentido nada así. Hemos congeniado bien, esta semana ha sido la tercera vez que he ido allí, y al hablar con ella siento atisbos de deseo de que me deje perder en su grandiosa delantera para mojar de leche caliente lo que parecen ser unos pezones perfectos. No he dicho nada de sus labios gruesos, de esos que una felación es siempre síntoma de relajación absoluta.
Junto a su mesa hay una puerta a una habitación pequeña, puede ser que algún día le pida que me lo enseñe. Quizá haya que hacerlo en una más grande, tanta adrenalina y feromonas no cabrán en un espacio tan reducido.
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